jueves, 10 de agosto de 2006

¿Quién dice que tener pareja es una obligación?

Hace una semana publicamos la carta de Pável, un joven de 30 años, quien se siente presionado por las personas que lo rodean, ya que cuestionan el por qué no vuelve a tener novia.

Ese artículo motivó la participación de otros dos lectores que nos permiten analizar el tema desde dos ópticas distintas.

Tengo 33 años, soy soltera, no tengo hijos y al igual que Pável, los comentarios realizados por la sociedad presionan: "Que si ya me voy a casar", "que si soy lesbiana", "que ya salga del clóset". Cuestiones que me llegan a cansar, aunque trato de tomarlo a la ligera. También me preguntan si voy a tener hijos, porque se me está pasando el tiempo, además, como ya se casaron mis hermanos menores, me recuerdan que "chivo brincado, chivo quedado" o sugieren anunciarme en el Segunda Mano, o rifarme con dote. ¿A qué voy? A que en mi soltería me siento contenta, segura y tranquila; de que ya no me interesa lo que diga la sociedad, porque yo sé cuándo iniciar una relación, o si me voy a casar o a quedar soltera. Y por lo que veo habemos muchas personas en las mismas circunstancias. Guadalupe.

Soy un chavo de 22 años, no he tenido novia y muchos menos relaciones sexuales. Esto no ha sido por falta de oportunidad, ni de curiosidad, yo lo atribuyo a que no lo tomo como cualquier cosa y que ahora no me es necesario. Yo trabajo, y en el ambiente en el que estoy no se perdona cierto tipo de vida, "que si eres homosexual", o "si no puedes", y la mejor de todas "qué no sabes para dónde bateas". Al principio te sientes como bicho raro, ya que todo el mundo te ve como si estuvieras desperdiciando tu vida. Creo que después de todo es mi privilegio decidir qué hago con ella. Tengo amigas con las que salgo y, aunque algunas son más abiertas, no dejan de señalar que si es poco común, pero que mientras esté a gusto no pasa nada. Otras en cambio no me bajan de gay y yo les digo: ´tenemos que saber qué queremos en esta vida y yo no lo sé y hasta que no lo descubra no tomaré nada a la ligera´ . Rafael .

Los tiempos cambian

Tener pareja no es una obligación, esta frase me parece fundamental. Quizá en otros tiempo sí lo fue, porque se buscaban brazos para sembrar las tierras, porque se decía que había que poblar la tierra, porque otros creían que había que recibir todos los hijos que su Dios les mandaba, o porque, y no hace mucho, se llegó a pensar en los hijos para que cuidaran a sus padres en la vejez.

La pareja en una parte de la historia de la humanidad, tuvo una función principalmente reproductiva. Hoy, como ustedes mismos lo confirman, el pensar y sobre todo el sentir de las personas ha cambiado, por lo que los tiempos también son diferentes.

Se presiona tanto a hombres como a mujeres, pero son estas últimas las que suman a la necesidad de pareja, la urgencia de decidir ser madres en un determinado periodo, como si la maternidad fuera la única forma de realización.

Tener pareja nomás porque sí, para que no me molesten, para cuidar mi imagen, eso si que es perder el tiempo.

Hasta hace algunos lustros, las mujeres se casaban no sólo porque creían que estaban enamoradas, sino porque "ya se les iba el tren", porque era mal visto, como escribió Rosario Castellanos, "que ningún hombre las hubiera elegido para coser sus calcetines", o porque socialmente era muy castigada la solterona. Término que hoy parece desvanecerse.
Los hombres tampoco actuaron precisamente en nombre del amor, sino que muchos lo hicieron en nombre de la comodidad: quién me atenderá, quién me servirá, con quién me voy a reproducir.

Se que en este momento muchos van a protestar, pero es innegable que por muchos años se buscaron relaciones "cómodas" a las que se les puso el nombre de amor, y de ellas fueron responsables tanto hombres como mujeres.

Por eso lo que ahora defienden muchos jóvenes me parece totalmente válido. "Yo quiero decidir a qué hora me caso", como dice Guadalupe; o como afirmó categórico Rafael: "Después de todo es mi privilegio decidir qué hago con mi vida". Esta es la única con la que contamos, y no podemos dedicarla a complacer a los demás, sino a vivirla como mejor nos parezca y bajo nuestra absoluta responsabilidad.

Si miramos a nuestro alrededor veremos parejas con una vida armónica, pero no todas son así. El número de divorcios ha aumentado y quienes se mantienen juntos no lo hacen en las mejores condiciones, un buen número vive una doble moral, y los jóvenes de hoy lo han notado, por eso se cuestionan si vivir en pareja es lo mejor.

Algunos tienen dudas, como lo acabamos de leer, otros desean terminar posgrados o brindarse la oportunidad de disfrutar lo logrado. La pareja tradicional como se consideraba a finales del siglo XX ya no satisface del todo a las nuevas generaciones. Están buscando nuevas formas de relacionarse.

Rafael no va a ser más ni menos hombre si decide posponer el inicio de su vida sexual. Él tiene todo el derecho de decidir cuándo, cómo y con quién hacerlo. Él tiene su propio ritmo y merece ser respetado. Lo mismo pasa con Guadalupe, todavía no se quiere casar y mucho menos tener hijos. Su valor como mujer no va a depender de si se casa o si "de ´perdis´ tiene un hijo".
Ella es tan valiosa como la que decida hacer lo contrario. Rafael y Guadalupe representan a un buen número de jóvenes que se plantean la vida de forma diferente y que también son el producto de varias generaciones de familias.

Hoy hombres y mujeres tenemos metas muy variadas, más campos en donde realizarnos, más apoyos profesionales para mejorar nuestra calidad de vida en comparación con otras épocas. Vivir en pareja, con una persona con la que realmente podamos crecer, es un gran privilegio que no es muy fácil lograr sin embargo, elegir con conocimiento, actuar por convencimiento y no bajo presión, seguramente nos llevará a una mejor selección. Se trata de vivir felices y de dejar este mundo un poquito mejor que como lo encontramos.

Fax: 5424-0771patricia.kelly@eluniversal.com.mx

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